Seguramente hayas leído por internet muchos artículos o vídeos acerca de los beneficios de la meditación. Hay tanta información muy bien fundamentada y útil que no tiene sentido repetir. Así que hoy te quiero compartir : ¿qué ha hecho la meditación por mí?
un comienzo sin intención
Hace muchos años, iba todos los lunes a clase de Yoga. Me gustaba hacerlo al iniciar la semana. Sin embargo, un día no pude ir y decidí recuperar el miércoles.
Resultó que los miércoles la clase era de meditación. De las 40 personas que había normalmente en las clases, a esta clase íbamos 4 ó 5 de todos los grupos de la escuela. Esto me dio la idea de que era algo diferente pero quizá no muy atractivo porque íbamos muy pocas personas.
Resultó ser algo difícil pero especial.
La sesión era siempre igual: Meditación Zen, en la que no te puedes mover durante la práctica y tampoco cerrar los ojos. Hacíamos unos movimientos previos de calentamiento- siempre los mismos- y luego nos sentábamos a meditar.
Yo no sabía qué era. Tampoco me dijeron cómo sentarme. Sólo mirar a un punto en el suelo a un metro de mí, que me pusiese a observar mi respiración y a contar las inhalaciones y exhalaciones. Yo me ponía ahí, a contar mi respiración.
A veces las piernas se me dormían o la espalda no me sostenía pero, como no debíamos movernos, a menudo estaba deseando terminar. Nadie me explicó que era porque la mente quieta se da en un cuerpo quieto. Pero que también podía hacer movimientos muy suaves para que el riego volviese y mi atención no estuviera precisamente en ese lugar de mi cuerpo.
El caso es que, a pesar de todo el sufrimiento del cuerpo y el lío de contar, yo seguía yendo cada miércoles. No había nada que entender desde la mente. Salía muy bien de la clase, incluso mejor que cuando terminaba las clases de yoga.
Salía despierta pero hacia dentro. Sin ganas de hablar o hacer ruido. Muy calmada y consciente. Presente, sin más.
cambios vitales y meditar involuntariamente
Con el tiempo, cambié de trabajo y ya no podía ir a las clases. Lo echaba de menos pero no me sentía capaz de meditar sola. Así que durante un tiempo me comió la vorágine vital. Lo notaba en mi carácter, mi estrés, mi ánimo. También tenía un trabajo muy estresante, con una jefa muy demandante y pasaba ahí todo el día. Terminaba a las 21 deseando irme a dormir. Y al día siguiente igual.
Lo bueno es que yo había sentido que quería profundizar más así que, simultánea a esa locura laboral, me apunté a una Formación de Yoga de un fin de semana al mes. Hicimos sólo un módulo de meditación, que no me movió a meditar regularmente.
Volví a la meditación de casualidad un día que necesitaba mover el cuerpo. Realicé las asanas que me pedía el cuerpo. Al final, me puse un mantra y me quedé enganchada a ello. No quería terminar el mantra, quería seguir horas y horas. Me sentía fenomenal.
Así que con los mantras fue la forma de volver a meditar, a mirar hacia dentro. Lo mantenía con frecuencia, sobre todo en épocas en las que necesitaba acomodar el estrés y la vorágine laboral.
llevar lo aprendido a la vida cotidiana.
Tuve una experiencia vital muy difícil y la meditación me salvó. En momentos de crisis total, respiraba conscientemente, profundo y, de pronto, estaba muy presente, en el aquí y en el ahora.
Eso me permitía ir avanzando en el día y darme cuenta de que todo lo que estaba agobiándome -aunque existía- estaba en mi imaginación. Ya sabes cómo la mente inventa situaciones terribles y se anticipa a escenarios que nunca suceden.
Yo estaba tan en el presente, tan consciente, que no permitía que la situación se me fuera de las manos. Es otro de los beneficios de la meditación.
En mi oficina de la administración pública olía a incienso y se escuchaban mantras de fondo.
Dejé ese trabajo horrible para tomar un año sabático que creo que dura hasta hoy. En el sentido de que no he vuelto a ese tipo de trabajo.
aprender otras técnicas y crear hábito de meditación
Retomé y descubrí otras técnicas de meditación. Me ayudó mucho la práctica de kundalini porque las meditaciones son muy chulas. Logré la constancia haciendo cuarentenas de meditación. Se debía repetir la misma práctica durante 40 días. Y si algún día fallabas, el contador se ponía a cero. Imagina ir por 21 y volver a empezar.
No, no, no.
Decidí que prefería madrugar y rascar tiempo antes que volver a empezar. Esto me dio una disciplina que mantengo. Si me comprometo con una meditación, la hago el tiempo necesario.
Es curioso descubrir que cada día la experiencia es diferente y la disfruto mucho.
Lo bueno de la práctica de meditación es que me ha hecho más calmada, no dejarme llevar por emociones desbocadas, aunque a veces la vida me ha descolocado de lo lindo y me he dejado llevar. Siempre he recurrido a la meditación para volver a mi sitio.
Sólo te puedo decir que la meditación me ha salvado. Me ha salvado el hecho de tomar tiempo para mí, sentarme, respirar, mirar dentro y desvincularme de las emociones, de los problemas. No evadirlos: verlos pero no intensificarlos. Estos son algunos beneficios de la meditación en mí.
Me ayuda mucho a reflexionar. Cuando estoy con algún problema o dilema, me siento y me siento. Siento cómo estoy, dónde se ubica eso que noto, escucho lo que dice y lo respiro.
De pronto, se resuelve algo en mi cuerpo-mente y me disuelvo. A veces no es tan fácil que sea así y no pasa nada. Entiendo que las cosas tienen que ser de esa manera y que ese día es así.
Esto ha permeado desde la esterilla de meditación hasta mi forma de pensar.
Otras veces es muy difícil volver de la meditación. Es un estado de tanta paz y gozo, que no le veo el sentido a volverme a meter en mi cuepo-mente y vivir la vida. Pero como dijo una maestra querida: "hay que volver, para eso hemos encarnado".
Otro de los beneficios de la meditación en mí es que hace que tome las cosas con distancia, que valore muchas veces mis batallas, que dé un paso atrás antes de reaccionar, que respire lo que me sucede y que vuelva conmigo. Y en ese espacio encuentro todas las respuestas.
Lo que ha hecho la meditación por mí ha sido volver a mí.
Postdatas de meditación
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Cristina, da gusto leerte. Relajas y a la vez me sacas una sonrisa. Eres muy especial. Me apunto a la meditación mensual del tercer miércoles. ¿Tienes un abono de varias de estas meditaciones?
Ay Susana, muchas gracias por tu mensaje. Te esperamos en la próxima meditación online. Te mando un mensaje privado respecto a lo del abono. Mil gracias.