Si has leído la anterior entrada del blog, quizá te hayas dado cuenta de algunas situaciones de violencia en tu vida y te preguntes cómo poner en práctica Ahimsa, la «no violencia«. Como te decía, primero es cuestión de darse cuenta de lo que hacemos, para cambiar lo que no nos está haciendo bien. No es algo que sea fácil pero es algo que si se cultiva se puede lograr.

Imagina Ahimsa, como el centro de toda nuestra existencia. Sin violencia hacia nosotras, hacia nuestro entorno. Todo tranquilo, todo en paz. Suena bien ¿no?

dos maneras de enfocarlo

Una de las maneras para cultivar Ahimsa, es la compasión. Compasión como una forma de empatía. A veces, confundimos la empatía con ponernos en el lugar de la otra persona y pensar cómo lo haríamos si estuviéramos en su situación.

Ahí hay un»si yo fuera tú». Lo que pasa es que no somos la misma persona ni vemos ni sentimos las cosas de la misma manera.

La empatía entonces, es entender la emoción de la otra persona y estar con ella. Sin más. La empatía consiste en sentir lo que siente y acompañarlo en el proceso.

Otra forma de practicar Ahimsa -la no violencia- es a través del amor. Cuando hay amor, no hay espacio para la violencia, para dañar a nadie. El amor genera actitudes y emociones relacionadas con la felicidad, la paz, la tranquilidad, la protección, la sensación de cuidado, entre otras.

El amor incondicional como forma de poner en práctica Ahimsa, la no violencia.

Amar, amamos todas las personas. De una manera u otra, expresamos amor. Pero resulta que no amamos a todas las personas, ni a todas las personas que amamos, las amamos de la misma manera. Ese amor está condicionado. Se dice que las madres aman incondicionalmente. Sí, pero no es amor incondicional. La condición es ser su hijo/a.

Amar incondicionalmente es la mayor expresión de amor y vida. Soltar el juicio, la valoración y amar al mundo entero debería ser el objetivo de la humanidad. Cultivando valores como el respeto, la paciencia, la comprensión, la empatía, podríamos llegar a ser sociedades amorosas.

Para ello, el primer paso es empezar por uno/a mismo/a. Es un buen inicio.

una meditación para ahimsa

Para ello vamos a practicar una meditación basada en Metta Bhavana(1), la meditación budista de amor incondicional.

Esta meditación que te propongo es bastante más corta y permite vislumbrar la sensación de amor universal hacia dos seres diferentes: una eres tú y la otra, una persona que en estos momentos no amas.

Puede que te conflictúe uno u otro, incluso ambos.

Te invito a reflexionar sobre los juicios, las emociones, las sensaciones en tu cuerpo que aparecen cuando hagas esta meditación. Y que la practiques a menudo para ir encontrando más espacios de amor en tu vida.

¡Que lo disfrutes! y, si quieres, cuéntame en comentarios cómo te ha ido.

(1)(En el Ciclo de Meditación tienes un módulo dedicado a este tipo de meditación.

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